¿Cómo impacta la contaminación cruzada en nuestros espacios de trabajo?

La contaminación cruzada es la transferencia de bacterias y gérmenes de un lugar a otro. En el rubro gastronómico este tipo de contaminación es muy peligrosa ya que impacta directamente en los alimentos y puede provocar intoxicaciones graves. Por este motivo es que se recomienda estar muy atentos a la hora del almacenamiento, cocción, lavado de las materias primas, higiene de utensilios y del personal durante la manipulación de los alimentos. El objetivo es prevenir el traspaso de los distintos agentes contaminantes que pueden ser: biológicos (bacterias, virus, hongos), físicos (fragmentos de virulana, vidrios, plásticos, pelos) o químicos (restos de fertilizantes, plaguicidas, desinfectantes).
La contaminación cruzada puede ser directa cuando se entra en contacto directo con un germen o indirecta cuando el agente contaminante se transfiere a través de un elemento mediador como pueden ser las manos, los utensilios de cocina y/o cualquier otro artefacto con el que entremos en contacto.
Pero, ¿qué sucede en otros ámbitos? ¿qué ocurre cuando estamos en contacto con artefactos en un lugar público o en espacios donde hay un alto tránsito de personas? Pensemos, por ejemplo, en los baños públicos que son un espacio propicio para el crecimiento y el desarrollo de los gérmenes y las bacterias. Cualquier espacio es potencial para la contaminación cruzada, pero el baño es de particular preocupación porque se usa para las funciones corporales, potencia los puntos de contacto con varias áreas pequeñas y son lugares donde circula gran cantidad de gente.
Pensemos en todos los objetos que tocamos al ingresar a un baño: los picaportes, las puertas de acceso a los cubículos, las barandas de los sanitarios, los dispensers de papel higiénico y las toallas para manos, la canilla, entre otros. Todas estas superficies están cubiertas de bacterias y gérmenes que luego son esparcidos por todas las instalaciones. Imaginemos la siguiente situación: trabajamos en una oficina en donde los baños son utilizados por setenta personas diariamente, ¿qué sucede con el aseo? ¿qué ocurre, además, si el personal de limpieza utiliza el mismo paño para limpiar el inodoro, los mingitorios y las canillas del lavabo? Por supuesto que se trasladan los gérmenes de un lugar a otro y llegan así a nuestros espacios de trabajo pudiendo provocar enfermedades e infecciones.
En este sentido, se vuelve fundamental que en los distintos espacios laborales se desarrollen políticas adecuadas de limpieza, que se entrene al personal para el correcto cumplimiento de las mismas y que se cuente con los productos y las herramientas necesarios para una limpieza e higiene que evite la contaminación cruzada.
Un primer paso es lavarse las manos cada vez que utilizamos los baños. Para esto, desde la empresa, podemos llevar adelante acciones que interpelen de forma directa a los empleados, como carteles con la invitación a hacerlo. Algunos estudios afirman que entre el 25% y 30% de las personas no se lavan las manos una vez que utilizaron este espacio. Otro aspecto a tener en cuenta, es instalar herramientas que no tengamos que tocar para ser utilizadas. Por ejemplo, ProHygiene ofrece su Sistema de Gestión de Residuos Higiénicos Femeninos. El Sistema permite que se desechen dichos residuos sin entrar en contacto con el cesto -contenedor con diseño exclusivo- ya que cuenta con una tapa que tiene una ventana plástica para realizar el descarte de los apósitos sin tener que tocarla y además evita que se vea el interior del cesto. A su vez, incluye un liquido desodorizante que neutraliza las bacterias que producen mal olor.
Éstas son sólo algunas de las formas para combatir la contaminación cruzada en los espacios de trabajo.

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